Mañana
Hoy es 31 de diciembre de 2008, Cristian no puede evitar recordar que hace más de una semana pregunta a su hijo su deseo para navidad y éste respondió -quiero morirme papá, ya no aguanto tanto dolor, ya no soporto causarles más y más sufrimiento-.
Bryan el hijo de Cristian tiene casi 16 años y la mitad de ellos se la ha pasado enfermo. Todos aún le dicen nenote, supongo porque es un niño grande que nunca creció, incluso ni siquiera se ha desarrollado y a pesar de su gesto triste sigue conservando la inocencia de la infancia.
Para Cristian lo peor de todo este tormento ha sido no saber qué tiene su hijo. Bryan desde que recuerda no se siente bien, le duele todo el cuerpo, siempre tiene algún malestar, fiebre, dolor de cabeza, náuseas, vómito, mareo. Nunca tiene hambre y comer se ha convertido en un verdadero martirio, pero hace su mejor esfuerzo porque se siente culpable de no saber lo que tiene. Todos están cansados de visitar a un médico y otro más siempre igual, siempre un diagnóstico experimental que nunca da resultado. Un examen más, otra radiografía, pero lo importante es no perder la esperanza, porque mañana otro día será.
Courtney, madre y esposa abnegada ha hecho todo lo posible para estar a la altura de las circunstancias, pero a veces siente que no puede más. Hoy se siente diferente, hoy se siente erótica, sensual, hace mucho que no sentía esa sensación de que las ganas le ganaran. Observa a Cristian pensativo tirado en la cama y no puede evitar desearlo, sabe que lo que quiere está entre ese par de piernas. Se desnuda, lentamente se introduce entre las sábanas y con voz muy suave susurra -estoy sin pantaletas-, Cristian coge algo de dinero y sin mucho entusiasmo tira unos cuantos billetes sobre la cama -toma, cómprate algunas-.
Courtney se levanta sin decir ni una sola palabra, entra en el baño, gira la llave de agua caliente hasta todo lo que da y la deja caer sobre su piel mientras se entierra las uñas y grita de desesperación.
Cristian escucha los gritos y alaridos que se escapan desde el baño, llueve sobre mojado, el usual sentimiento de culpa que siempre lo acompaña parece engrandecerse. Culpa por haber usado drogas durante su juventud, culpa por haber fumado delante de su joven esposa embarazada, culpa por llegar a desear la muerte de su propio hijo, la misma culpa que siente cada vez que mira los ojos llenos de reproche de su pequeña Kylie, que parecen gritarle -papá, yo también soy tu hija-. Y como culpable se sintió el día que su hijo tristemente le comentó -papito, no me imagino la vida sin mí.
El timbre suena y con él un tok, tok, tok detrás de la puerta, es Christopher viene a invitarlos a que pasen el año nuevo junto con él y su familia. Christopher era el mejor amigo de Cristian, se conocen desde niños, se aman como verdaderos hermanos. Pero Cristian deja sonar la puerta hasta que Christopher se cansa de tocar y se retira. La envidia lo consume cada vez que está con Christopher y su familia perfecta llena de hermosos hijos todos muy saludables, de esos que se portan bien y tienen buenas calificaciones. Bryan en cambio, hace tiempo que dejó el colegio pues la fuerzas no le dan para semejante trivialidad.
Llega la noche, todos están arreglados, sentados en la sala sin decir una sola palabra, todos menos nenote. Cristian sube la escalera que lo llevará a la habitación de su amado hijo, toca la puerta quizás tres veces y procede a abrirla lentamente mientras escucha una tenue voz que da permiso a filtrarse, sus ojos se iluminan cuando ve a su hijo de pie mientras se viste y se acicala para la ocasión.
Bryan sonriente exclama a su papá ¡me siento bien papito!, ¡me siento mejor que nunca! Cristian lo abraza muy fuerte, tan fuerte que los cuerpos comienzan a estorbar. Acto seguido se retira a su habitación y comienza a llorar con gritos muy silenciosos, esa noche Cristian no dormirá, quiere ser testigo del último aliento de su hijo, quiere ser lo último que toque su hijo antes de marcharse, no quiere que se vaya en soledad, porque algo le dice que mañana su hijo no amanecerá.
Luis Monroy
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Comentarios sobre Mañana
DUH, pardiez!!!! te odiooooooooooooo......
el final me ha gustado lo suficiente para hacerme a una idea tan gráfica que me temo y he hecho mi continuación mental...como siempre, tú bastante...cómo decirlo...mmm...creo que la frase es algo que se me hace esquiva, no me queda más que esperar por la definición que me haga sencillo el decirte mi calificación privada y un tanto errante sobre el cómo creo que son tus escritos en el sentido de fuente o tal vez sea más acertado decir...de impresión post lectura...mmmmm....
tengo fiebre, he dado una buena excusa por si nadie me entiende nada.
saludos!!
Dichosos son los que no se quedan las primaveras llenos de dolor...
Magistral comos siempre Luis...
Un beso...
que feo, aunque es una buena historia, sin duda alguna...



un besototote!
y saluditos forsados... jajaja
es broma... espero que todos se lo tomena si...
Magistral, real, me ha encantado, porque el dolor hace parte de la vida y no podemos olvidar eso, que buen escrito mi duha, mas palabras no son necesarias para describir lo que ya es muy bueno, solo me resta mandarte un besote y abrazote desde el alma pero virtual porque nos separa la distancia geografica, cuidate mucho con el inmenso cariño de siempre Juana.
Real como la vida misma, dolor, tragedia, rabia, nunca justicia...pero verdadero muy verdadero, ese sentirse culpable de cosas que a veces no podemos ni cambiar ni controlar...
Besazos de SexyRebelde
¿Qué harías si sabes que para ti ya no hay un mañana? Tan joven, tan frágil , pero tan valiente.
Esta historia, Luis, la siento muy cerca porque se parece mucho a algo que pasa en mi familia cercana. No quiero entrar en detalles, pero creo que es real esta situación y que le carcome la vida a los padres de esta personita culpable de nada y a todos los que algo tienen que ver con ella. Yo sólo espero que nuestra familia lo esté haciendo bien con quien nos ha tocado sostener.
Un beso, Duha.
Me has echo estremecer,
es la primera vez que te leo,
se me hace una historia demasiado cercana...
gracias por tu sensibilidad.
Maria
CIAO DUHAMEL !!!
Mira que es tu culpa èste nudo en la garganta y es que trato de leerlo sin que me gane el sentimiento pero es imposible.
Es muy wena la historia, aunque triste pero en la vida mientras unos estan de fiesta, otros estan muriendo, otros estan amando, algunos estan felices y otros estan en guerra; nos queda solo comentar de ello.
Un gran saludo hermano!
CIAO
SALUTI
hola ...aki de visita ..me gusta como escribes...bueno me retiro k todo en ti este de lo mejor...
besos
El tema de este post es uno de los más difíciles de abordar. Ante la muerte de un hijo no hay palabras, sólo el silencio.
Te felicito por el estilo de la narración, bien lograda. Saludos: Mariana Blanes
Me ha encantado tu narración,como siempre lo plasmas todo con la belleza de las palabras más lindas y sutiles.
Es todo como la vida misma, has plasmado la desesperación de los que ven sufrir a alguien que aman, y esa desesperación es la misma que la desesperación que sentimos los que nos vemos mal y vemos la preocupación de los que nos rodean, por eso lo que siente ese encantador niño "grandote de corazón" es una pena de ver sufrir y desesperarse a los que lo rodean, ves, es lo mismo en dirección contraria.
las dos vias son una misma, todos los que se aman se sienten culpables e inocentes por igual y sufren por el otro, es un circulo cerrado.
Me gusta visitarte aunque a veces no te deje un comentario, te pido disculpas por ello, pero no te olvido, eres un amigo fiel para mi. Un besote muy grande para ti.
Estos días he tenido muy de cerca a una mujer, que con cuatro meses de embarazo, le han encontrado a su feto, un síndrome terrible, llamado síndrome de Pataus, tanto, que amparándose en la ley, decidió perderlo.
Si buscáis en google el síndrome, veréis lo horrible que es, por eso ha tenido mi respeto y mi apoyo.
Estupendo texto como siempre Duha.
Mil besos.
hola


erika quiere a
como estas
bien
yo nombre solo
dios gracias