El Encuentro
Ese día sería mi primera aventura en solitario en la hermosa ciudad de Bogotá, mi hermana me explicó los pasos a seguir para llegar al lugar del encuentro con mi amiga Juana. No sabía cómo iba a ser el recibimiento si frío o por el contrario muy emotivo y finalmente creo que no fue ninguna de las dos cosas.
Antes de salir para la embajada americana razón por la cual mi amiga Juana de Buga se encontraba en Bogotá, Juana me presentaría a una amiga con la que se estaba alojando en su corta estadía en la ciudad, quien por cierto deseba verme supuestamente para comprobar que yo no tuviera aspecto de sádico, violador, ladrón o en el peor de los casos de asesino, ¿cómo si el aspecto dijera mucho de una persona?, acaso no habrá escuchado nunca eso de que caras vemos corazones no sabemos, aunque después de todo también se dice que los ojos son el espejo del alma.
Finalmente salimos de aquel lugar y agarramos un taxi hasta la embajada, Juana me había pedido el favor de que la acompañara hacía mucho tiempo atrás, en un primer momento pensé en negarme porque odio las embajadas tanto como los aeropuertos y los hospitales, pero por aquello de que el ego siempre quiere decir que no y de que la vida es un enorme sí, decidí acompañarla.
Desde el primer momento Juana se sorprendió con mi apariencia tímida e introvertida, se esperaba a alguien que denotara mucha más seguridad y arrogancia y me lo dejó saber antes de que la dejaran pasar a dónde los pinches gringos decidieron que yo ya no podría acompañarla, también me dijo que sería interesante que cada uno de nosotros realizara un escrito sobre aquel extraño y recóndito encuentro.
El tiempo en la embajada se me hizo eterno y no podía evitar pensar que mi presencia en aquel inhóspito lugar no era necesaria y que había sido un capricho de Juana, que hubiera sido mejor encontrarnos en un lugar más bonito o más divertido. No obstante a Juana le causó una buena impresión de mi parte que no me negara acompañarla y el haberla complacido me llenaba de satisfacción, ya que una de las leyes de la abundancia según Deepak Chopra es dar y con eso, no necesariamente se refiere a cosas materiales aunque tampoco quedan exentas, sin embargo hay que tener cuidado con eso, primero hay que dar lo que uno desee y segundo hay que hacerlo hasta el punto de que no te pierdas en el proceso.
Juana terminó su diligencia con éxito, decidimos buscar un centro comercial que me habían informado quedaba bastante cerca, lo encontramos sin ningún problema, los dos estábamos urgidos de ir al baño, Juana entró al de damas y yo por supuesto al de caballeros, mientras me encontraba de pie haciendo del uno, entró la señora de la limpieza y me miró con cara de que después de que ves "unos cuantos" todos te parecen iguales.
Luego la invité a almorzar, ella todavía no lo sabía, pero yo ya lo había decidido, quería que fuera un día especial para Juana, de esos que se recuerdan con cariño. No sé porqué pero fue un momento tenso para mí, desde el primer instante los ojos de Juana habían estado sobre mí, haciéndose juicios acerca de mi persona, lo cual es algo muy natural, siempre supuse así sería, por eso me aseguré de llevar conmigo una buena personalidad. Pero en ese momento empecé a sentir que estaba muy nervioso, que quizás no iba a poder con aquella situación tan social, pensaba cosas como "no hables con la boca llena, pero tienes que hablar para que la comida sea amena."
Recuerdo que la miré directamente a los ojos, quizás tengo una mirada muy fuerte porque no me la sostuvo mucho tiempo, me hizo pensar en que a pesar de que somos una sociedad visual podemos escuchar todo lo que queramos a una persona aunque no la conozcas, pero por el contrario los segundos permitidos para mirar a un extraño son contados antes de que se convierta en mala educación. Muy diferente es mirar a una persona que te está hablando pues las reglas de educación ordenan que debes mirarla, aún así la mayoría no mira demasiado tiempo, es como sí te pudieran robar el alma con sólo una mirada.
Milagrosamente yo no me hice muchos juicios acerca de Juana, trataba de conectar con su alma, con su esencia no con todo lo demás, a veces incluso me costaba reconocerla entre la gente porque no detallé mucho en cómo iba vestida o en como eran todas y cada una de sus facciones, pero me sirvió de mucha ayuda una botellita de agua que se compró y que cargó casi todo el tiempo para que no se me perdiera de vista.
Me sorprendió agradablemente que sea una mujer que le gusta más escuchar que hablar, ya que eso me parece una gran cualidad.
Hubo momentos en que volví a sentirme culpable por no ser igual que los demás, por ser aquel que no llena las expectativas de la insaciable sociedad, se me fueron todas las teorías, fue como una regresión a un camino que no pienso volver a transitar, de repente el río fue encontrando su cauce, no sé si no pueda cubrir las expectativas de los demás, pero sí las propias y después de eso todo lo que pasa en tu vida es ganancia.
El día llegó a su final y con él el enigmático encuentro del destino que conspiró para que dos personas que se conocían sin conocerse finalmente se encontraran en estado sólido, bueno, sólo suponiendo que todo esto no sea parte de la imaginación de alguien más...
LCMS
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